domingo, 15 de mayo de 2016

Al día siguiente, cuando el sol empezaba a asomarse entre las dunas que rodeaban a Villmark, ya se encontraban trabajando los ancianos y los niños para preparar la ofrenda correspondiente a ese ciclo solar.

-Arasel, cariño... No lo encuentro, no está dentro de Villmark. Lo he buscado toda la noche y desde la maldita madrugada.- Dijo Odebor a su mujer mientras se tumbaba bruscamente en una silla de madera dentro de su casa, ubicado al lado de una mesa con solo tres patas para sostenerse. Arasel era una mujer muy alta, no más que su Rha, pero definitivamente mucho más que las demás mujeres en el pueblo. Algunos creían que ninguna otra habría podido con el carácter y la contextura de Odebor, pero todas las demás mujeres la envidiaban un poco exactamente por eso. Su cabello era pardo y a veces parecía mezclarse con su piel castaña, que bajo el sol era tan roja como el ladrillo. -Mi Rha, debemos encontrarlo, a como de lugar, manda ahora mismo a un grupo de...-

-¡¿Crees que no lo he pensado ya?!- Dijo en tono desesperado a Arasel, quien lo veía con lágrimas que caían por sus mejillas, pero sin fruncir jamás su ceño. Su expresión no se doblegaba, pero su corazón sí lo hacía, el goteo en su barbilla daba fe de eso. Ella no dijo nada, solo vio a Odebor fijamente luego de ser interrumpida, y este prosiguió. -Lo lamento, Arasel, estoy asustado... Nuestro único hijo está perdido, y no puedo ir a buscarlo, si alguien se entera de que no está cundirá el pánico. Y si llego a encontrarlo todos aquí pedirán justicia ¡Malditos dioses sin rostro, regrésenme a mi hijo!- Ella era la única persona en el mundo que alguna vez escuchó a Odebor pronunciar esas palabras, "Estoy asustado" solo ante ella él era capaz de dejar de lado su título, sus costumbres y su ego. Arasel sabía bien cómo se sentía, su amor de madre era demasiado fuerte, y su voluntad lo era casi tanto como eso. Aquella voluntad había sido heredada por Thabei, y ella estaba segura de eso. Ella estaba al tanto de que su hijo era capaz de cometer terribles locuras por arrebatos de ira, y si él no estaba en el pueblo, era muy probable que alguien estuviese involucrado en el asunto. -Odebor...- Le dijo con una voz muy dulce y angelical, como casi siempre que ella hablaba con su esposo o su hijo. -Si Thabei se fue, alguien debe saberlo... Nuestro hijo es muy fuerte, lo educaste bien- A lo que fue interrumpida nuevamente -No lo suficientemente bien... Ese idiota ¿Dónde podrá estar?- La cara del Rha seguía inundada de preocupación y tristeza, pero sabía bastante bien que su esposa tenía toda la razón, alguien debía saber esto. Thabei nunca se callaba la boca. Alguien debía haberlo visto o escuchado antes de desaparecer. -Querida, solo sabemos que no está aquí. No podemos asegurar que salió por su propia cuenta, pero tampoco podemos descartarlo. No le digas a nadie, tengo una idea de quién podría saber algo acerca de este asunto.- Arasel lo vio, y vio el fuego en sus ojos. Los mismos ojos que tenía su hijo. La misma determinación implacable de los hombres del desierto. La voluntad imparable de su Rha brillaba como no lo había hecho en muchísimos años. Entonces el Rha de Villmark se levantó de su silla, abrió la puerta de su choza de un empujón y la cerró, azotándola. Arasel imaginó a dónde iría, pero no quiso preguntarle nada.

El desierto no parecía el mismo, los ciudadanos se estaban dando cuenta de ello. No había gritos problemáticos, cosas cayéndose al suelo o pueblerinos persiguiendo al hijo del Rha. Nadie estaba seguro, pero muchos comenzaban a presentir su ausencia. Odebor sabía que el tiempo era algo que no podía darse el lujo de perder. -Esa niñata debe saber algo, por mis ancestros... si ella tiene algo que ver...- Pensaba el padre de Thabei mientras se dirigía a la casa de la hermosa Renhet, con paso firme, y sin ningún tipo de gracia en su semblante. Pero entonces un temor invadió su mente - Kaldum... Thabei, te voy a partir unas cuantas costillas si te metiste en problemas intencionalmente. Ese Utsen nunca me ha dado un buen presentimiento, pero siempre ha hecho su trabajo de una forma excelsa.- Odebor era un hombre inteligente, muy paciente y con una gran visión de las cosas. Hizo muy bien al pensar en que algo que tuviese que ver con desapariciones o castigos de los Alados proviniese del encargado de tales menesteres. Siempre intentaba no dar pasos apresurados ante situaciones complejas. Solía tomarse mucho tiempo para pensar antes de tomar acciones decisivas, pero obviamente al ser él el líder de una tribu, no siempre tenía tiempo de sobra para pensar. Se estaba preparando mentalmente para tomar decisiones difíciles en el futuro cercano.

Cruzó todo el pueblo. Cuando por fin llegó a la solitaria choza de Renhet, tocó la puerta con gran intensidad, sin gritos, solo golpes contundentes. La fachada de ese lugar se veía muy ordenada y limpia, como podría esperarse de la vivienda de una chica tan amable y cálida. Claro está, dentro de lo que cabe decir "ordenado" para una casa hecha con piedras, barro maloliente y algunas tablas de madera. Ningún ruido salió de esa choza, y Odebor se molestaba cada vez más y más. La diferencia entre él y su joven hijo era que sus emociones no dictaban sus acciones, y cuando esto había pasado en otras ocasiones, ya no quedaban muchas alternativas. Odebor miró a su alrededor. En su camino a la choza algunos pueblerinos le preguntaron si había algún problema, preguntas que eludió hábilmente, pero no por esto distrajo de sus dudas a sus subordinados. Le dio la espalda a la entrada y se apoyó contra esta, viendo que nadie se percatase de sus intenciones, utilizó su enorme cuerpo para tumbar la puerta. En Villmark solían cerrar las entradas con algunos clavos, pero como en la mayoría de los casos atravesar la roca con ellos era en extremo difícil, preferían colocar cosas del otro lado que impidiesen abrirlas. En este caso había una silla con el espaldar apoyado contra la puerta, haciendo equilibrio. La silla se quebró como un palillo gracias al peso y la fuerza que le aplicó Odebor a la tabla que bloqueaba su paso. La contextura del Rha de Villmark era de temer. No era el líder por nada. Su preparación antes de empujar su entrada a la casa evitaron que cayese contra el suelo al ceder la silla.

Odebor apartó la tabla y los pedazos de silla destrozada hacia un lado de una patada suave. Nadie estaba en la sala de esa choza. -Una casa tan grande para una sola persona... En verdad debe extrañar a sus padres- Pensó inevitablemente. Siempre se había sentido responsable por la muerte de esos cazadores, y por eso la cuidaba como si de otra hija se tratase, pero nunca dejándola apegarse a él. Su forma de mantenerse informado sobre su estado siempre había sido Thabei, le fue bastante conveniente que su hijo pasara tanto tiempo con aquella niña, y ya se imaginaba la razón de tanto tiempo juntos. Fue entonces cuando algo llamó su atención. Dos platos llenos de comida sin terminar. Alguien estaba dentro de esa casa, y no estaba solo. ¿Sería quizá Thabei? Él era capaz de jugar bromas de ese calibre, aunque nunca lo hubiese hecho antes.

Comenzó a subir por las escaleras de piedra, con su mano derecha apoyada en la pared, y con la otra formando un macizo puño, dispuesto a plantarse en la quijada de alguien si alguna de sus teorías era correcta. Una vez arriba, en el ático de esa casa, comenzó a escuchar un ruido que no lograba identificar, periódico y húmedo. Se encontraba en un pasillo, el cual terminaría en una salida hacia la parte superior de esa choza, donde solían guardar armas y ropa, en alguno que otro caso, también muebles. Mientras más se acercaba al final del corredor, más fuerte era el sonido, ahora venía acompañado de un leve... Odebor lo habría tachado de gimoteo, pero realmente no estaba seguro, dudaba de sus oídos y de su edad sobre ellos. Colocó primero una mano sobre el pórtico que marcaba el final del pasillo, y luego asomó su cabeza lentamente. Realmente prefirió no haber visto lo que vio. -Joder con ustedes dos, escuchen la puerta cuando su Rha los esté visitando- Sus palabras produjeron un alboroto frente a él. Ropas empezaron a volar y las sábanas de lo que parecía ser una cama muy vieja y polvorienta dejaron de moverse, para pasar a servir de cobertura para Renhet y su acompañante.

-No me hagáis esperar, tengo cosas que preguntaros a ambos- Dijo el Rha con un tono muy, muy amenazante. Renhet y su acompañante lo notaron de inmediato. -Y por el amor a los días lluviosos, tápate, Kaldum, en serio que esa túnica no fue la mejor de las elecciones como ropa para laborar.- En efecto Odebor no sabía nada hasta ese momento sobre la relación que mantenían Kaldum y Renhet. Las palabras de aquel Utsen siempre habían sido dulces como la miel, y Renhet fue presa fácil para él, aunque no podría decirse que sus intenciones eran malas con aquella chica.

-En realidad esta ha sido una serie de eventos bastante desafortunados...- Se dijo Kaldum en susurros. Odebor vio sus labios moverse, pero decidió esperar al interrogatorio para despejar sus dudas. El Rha esperó a que la mujer y el Utsen se vistieran para iniciar su cuestionario, tenía muchas dudas y estaba bastante seguro de que alguno de ellos sabría algo. Las miradas cabizbajas de la niña y la aparente y desinteresada postura del Utsen eran en definitiva señales de que algo no estaba bien en esa habitación. La tensión se sentía hasta en las manos de Odebor, un puño cerrado con una firme mano que lo envolvía, parecía ser que con furia.

Kaldum mantenía la compostura. Estar sentado en esa cama no evitaba que su espalda y hombros se mantuviesen firmes ante su Rha, quien había tomado una silla y se sentó en ella luego de colocarla frente a él y a Renhet. La posición de Odebor era realmente amenazante. Kaldum esperaba con impaciencia las preguntas de su señor.

-Muy bien. Suficiente preparación- Dijo Odebor, quien estaba sentado inclinado hacia adelante, con los codos apoyados en sus piernas y las manos entrelazadas tapando gran parte de su rostro. Su mirada estaba algo divagante. -Seré directo, Thabei está desaparecido- Kaldum no pudo evitar sonreír. Su rostro se transformó completamente, y Odebor lo notó. Por otro lado,Renhet quedó fulminada. Su cuerpo estaba estático y de sus ojos brotaron lágrimas. -Quiero que ambos me digan si saben algo al respecto, es un ciudadano desaparecido, si alguno miente o no habla, será severamente castigado- Renhet salió de su momentáneo trance de tristeza, pero Kaldum no perdió su sonrisa. -Mi señor ¿Está usted seguro que no se encuentra escondido en algún lugar? Siempre hace eso cuando le toca trabajar- La mirada del Rha dejó de revolotear por el cuarto, y se centró en los ojos del Utsen. Kaldum perdió su sonrisa y tragó saliva nerviosamente. -Mi hijo...- (Hizo énfasis en esa parte) - Está desaparecido, no está dentro del pueblo, no te atrevas a hacerme perder el tiempo con algo tan urgente. ¿Sabes o no algo sobre Thabei?- Renhet seguía sin poder decir algo, su mente estaba aturdida y sus pensamientos solo la angustiaban aún más. -... Eh, mi señor, yo vi a su hijo la noche pasada- La mirada de Odebor no se despegaba de Kaldum, cosa que lo estaba empezando a desconcentrar. -¿Y qué estaba haciendo mi hijo en ese momento? Kaldum-

-Siendo sincero, solo lo vi caminar por la calle principal, portaba unas lanzas, así que imaginé que se las llevaría a algunos cazadores o se encontraba haciendo algún recaudo- Kaldum ya estaba sudando, quería salir tan pronto como pudiese de ese cuarto. Odebor era muy grande y alto, podría decirse que era un gigante entre los hombres, le llevaba más del doble de masa a Kaldum (Cosa que realmente no era muy difícil). Pero en ese momento, incluso sentado, se veía realmente como un aterrador titán. Odebor no confiaba en las palabras de Kaldum, pero algo iba a tener que creer si esperaba conseguir a su hijo. -Kaldum... Mis guardias me contaron que les encomendaste una tarea a mitad de la noche, dejándo sin ningún vigilante a la entrada principal, aunque fue solo por unos minutos... ¿No te parece algo bastante peculiar? Que mi hijo desaparezca y justamente es esa noche en que requieres de la ayuda de dos guardas-

-Mi señor, la pasada noche creí haber escuchado a unas bestias del otro lado del muro, no podría dormir sin antes asegurarme de que estábamos realmente a salvo. Nunca se sabe qué clase de horrores puedan rondar en las afueras de Villmark- Kaldum sabía que la desinformación estaba a su favor, y había planeado ya muchas respuestas para las preguntas que logró formular prediciendo esta situación con anterioridad. Los ojos de Odebor pasaron a Renhet. -Niña... - La chiquilla dio un brinco -Es tu turno.- Renhet no sabía qué decir, y Kaldum parecía verla de reojo, como si mantuviese una especie de conversación psíquica con ella. -Odeb...- El Rha soltó un bramido, evitando lo que iba a ser un fuerte castigo si ella completaba ese nombre - Rha... Thabei me dijo que planeaba salir durante la ceremonia del pasado mediodía - Odebor le creyó -Entiendo que no me hayas notificado. Yo le habría partido una pierna de ser necesario para que no saliese. Se toma muy en serio sus afirmaciones. En todo caso, tengo cosas que hacer al respecto, no tienen permitido contar nada sobre este interrogatorio, no quiero pánico en Villmark, hasta que no sepa qué ocurrió, nadie dirá nada ¿Entendido?- Esa última palabra la dijo mientras se levantaba de su asiento. Con un brazo estirado podría haber llegado a tocar el techo de la choza. Hazaña que ni Renhet ni Kaldum podría hacer jamás por su cuenta. El Rha no esperaba sacar nada útil de Kaldum, sentía que algo tendría que ver, pero no podía dar crédito a su intuición, y la falta de pruebas dictaba que la paciencia era su única opción, por el momento.

Odebor salió de la casa con rumbo desconocido. Kaldum mientras tanto pensaba en lo agudo que resultó ser el carácter del Rha y en lo complicada que iba a tornarse su vida si la hermosa Renhet hablaba. El cuarto volvía a estar solo, pero la atmósfera se había transformado, y Renhet lloraba desconsoladamente a un costado de la cama. El Utsen acarició sus mejillas con sus huesudas manos, secó sus lágrimas, y la vio fijamente. -Querida niña, Thabei escogió su destino. Ese chico podría condenarnos a todos, no derrames lágrimas por un hereje, ahórralas para el castigo que quizá nos apliquen por su imprudencia.- Kaldum estaba convencido de que dejar fuera de Villmark a Thabei tendría muchas consecuencias, esperaba impaciente y con gran terror un puño férreo, una horda de terroríficas pesadillas que azotarían el pueblo dentro de poco, solo que no encontraba forma para darle a dichos monstruos o desgracias. Renhet no sintió calma con esas palabras, solo aún más culpa. -Pero Utsen... yo le conté. ¡Yo se lo dije a usted! ¡Le conté que quería salir, que quizá lo haría esa misma noche! ¡Le pedí su ayuda y en respuesta no salvó a Thabei! No pudo salvarlo...- Kaldum frunció el ceño, algo que nadie había visto antes. -Renhet (esta vez no la llamó niña) cuida tus palabras. Yo intercedo ante los Alados, yo soy el camino a ellos; yo soy tu guía hacia la salvación. No puedo obligar a nadie a aceptar el camino de nuestros amos y señores, solo puedo ofrecérselos, y ellos deciden si se condenan o no. Thabei quiso salir, y así lo hizo. Lo que le queda es esperar a que alguno de los sin rostro se lo lleve- Concluyó abrazando fuertemente a Renhet, cosa que le trajo algo de consuelo. Kaldum era más alto que ella y la envolvió fácil entre sus delgados y largos brazos. Pero el consuelo de la chica se vio interrumpido por otras palabras del Utsen. -Y niña... no le vayas a decir a nadie que me comentaste sobre las intenciones de Thabei. A nadie.- Haciendo pausas muy marcadas entre esas últimas.

El resto de la madrugada y gran parte de la tarde, Odebor se dedicó a juntar tanta información como pudo a lo largo de Villmark evitando en la medida de lo posible las preguntas indiscretas, aunque en esas circunstancias cualquier pregunta que incluyese a Thabei lo sería. Por otro lado, Kaldum dio sus respectivos sermones diarios y Renhet se mantuvo callada y ensombrecida por el resto del día, su pesar era muy grande, y nada lograba distraerla. Los nervios de todos iban subiendo gradualmente, y tanto a Kaldum como al Rha se les estaba acabando el tiempo de paz y tranquilidad que mantuvieron durante tantos años hasta entonces.

Mientras tanto, en alguna parte del Desierto Rojo bastante lejos del poblado, el cuerpo de Thabei se encontraba inmóvil sobre las dunas al rededor del oasis. Cualquiera podría creer que cocinar a una bestia sobre esa arena habría sido tarea fácil. El sol se encargaba de mantener la superficie a una temperatura poco amigable para los seres dependientes del agua. Pero Thabei respiraba. Y no solo eso, los fuertes vientos del desierto habían arropado al joven con unos pocos montículos de arena, nada muy útil para sobrevivir a tal calor, pero de una u otra forma, no lo había matado.

Entre algunos tosidos, y mucha, mucha arena exhalada, Thabei abrió los ojos, pero sin poder ver nada. Lo último que recordaba eran aquellas sombras vibrantes a su alrededor antes de desmayarse. La imagen de una hoguera destelló en su mente, y un dolor agudo apuñaló un costado de su cuello, a su derecha, más precisamente. Quiso llevarse sus manos a la herida, y se dio cuenta de que seguían atadas. Sentía el calor en su rosto y en su ropa harapienta y ensangrentada. Thabei no podía pensar con claridad, el dolor en su cuello lo llevó de inmediato al recuerdo de su odio hacia Kaldum, antes intentaba no maldecirlo solo por Renhet, pero eso ya no volvería a pasar. En realidad estaba considerando matar a ese Utsen. -Joder, es como tener tela incrustada en mis ojos, apenas veo sombras. El cielo debería quemar mis ojos y puedo abrirlos totalmente viendo el sol directamente- Cosa que dejó de hacer apenas recordó que eso podría no doler, pero sí lastimarlo.

El chico sentía un dolor que crecía latente en su nueva y permanente marca. En cierto momento se intensificó de manera muy brusca y Thabei comenzó a rodar en el suelo, mientras gritaba e intentaba inútilmente alcanzar su herida con sus manos atadas. Intentaba pensar pero el dolor se le estaba haciendo insoportable. Thabei creyó que empezaba a delirar, pues a través del velo blanco que cubría sus ojos empezó a ver una sombra, algo que parecía subir y bajar frente a su rostro, dibujándole una silueta alargada y con una forma triangular muy extraña. Inmediatamente luego de esto, Thabei sintió que empezaba a perder la consciencia. El chico intentaba luchar con tudas sus fuerzas por no volver a caer dormido, no sabía qué podría encontrarlo indefenso en medio de la nada en ese desierto, alguna bestia hambrienta quizá...

En uno de los retorcijones se acercó demasiado al pozo en medio del oasis y cayó en él. Apenas sintió el agua tocar su cara comprendió su situación. Su cordura se fue en picada y entró en un estado iracundo. Comenzó a patalear mientras se hundía, y a soltar entre gritos ahogados cantidades importantes de oxígeno. Entre algunos gritos entró agua por su boca. Thabei se rehusaba a morir, pero lo veía inevitable, no sabía cuánto se estaba hundiendo, pero no creía que fuese profundo, cosa que lo molestaba aún más. Era un destino muy decepcionante para alguien como él. Entonces empezó a sentir frío, y nuevamente, sus ojos opacados no lograban percibir nada excepto la luz titilante entre las aguas del pozo que caía desde la superficie. Comenzó a sentir frío, le heló los huesos. Era raro que con el sol en lo más alto del cielo ese lago pudiese sentirse tan álgido tan de repente. Su lucha terminó con su conciencia, en ese momento algo lo calentó, y en sus moribundas visiones logró pensar - Había escuchado que el abrazo de la muerte era terriblemente frío, pero nadie nunca me había contado de lo cálido que se podía sentir... Quizá nadie ha vivido luego de llegar a esta parte del recorrido... Le voy a patear el culo a los sin rostro...- No dejó de pensar en que no quería morir ahí, no se lo iba a perdonar a sí mismo, pero eran solo pensamientos, no podía moverse, solo sentía más y más calor. Y así se mantuvo hasta que unas ganas muy intensas de vomitar lo invadieron. Su abdomen se contrajo y sus pulmones ardieron mientras sentía pasar por su garganta todo lo que no había comido en esa semana. Y con casi su bilis fuera de su cuerpo aquello blanco en sus ojos se disipó. Sin darse cuenta había terminado fuera del pozo. Thabei en ese momento podía pensar en solo dos cosas mientras se arrastraba boca abajo en la arena mojada, lo mucho que dolía vomitar con tal intensidad tanta agua ingerida y que estaba vivo. El desierto aún no se lo iba a llevar.